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Sobre las decisiones

o cosas en las que nunca he sido buena, pero a veces disimulo.

Empecé este post hace varias semanas (miedo me da pensar que incluso meses…) En esos días estaba actualizando la web, a punto de recibir unos fotones espectaculares de las camisas y las novedades de otoño y sólo quería que la web esté a la altura. En esos días estaba todo el día dando tumbos sin ton ni son, preparando además el mercado de motores. Estaba tan sumamente centrada en centrarme, que cuando terminé, simplemente, me desinflé.

¡puf! como si nada.

No anuncié a bombo y platillo la web nueva, no empecé la campaña de navidad que tenía pensada, no empecé a buscar nuevos proveedores para el año que viene… solo me desinflé. No he hecho nada de eso aún. Y me ha costado todas estas semanas recuperarme.

No voy a mentir, si me he recuperado ha sido porque he pasado el fin de semana en recuperación intensiva. También conocido como pasarme dos días y medio con dos de mis mejores amigas en Dublín, celebrando que 20 años no es nada y riéndonos a carcajadas hasta llorar. Sinceramente, si no os resulta esto terapéutico, yo ya no sé que recomendaros.

Un par de pintas y unas risas. Mejor que la lloradita y a seguir.
Un par de pintas y unas risas. Mejor que la lloradita y a seguir.

Así que aquí estoy. Sigo un poco aterrizando (ya sabéis que yo lo de volver, lo llevo regular), pero vuelvo con ganas y dando pasitos de bebé para no dejar de avanzar ni un sólo día. Quiero crear esa rutina de la que siempre se habla, pero que es muy complicado conseguir cuando los días son tan distintos entre sí, así que he decidido que voy a implementar cositas pequeñas, que no me lleven mucho tiempo y que pueda hacer pase lo que pase. ¿He leído esto en algún manual de “productividad para creativos”? Evidentemente, no. Y mira que me he leído unos cuantos. Pero lo mismo de esta escribo el mío propio, aunque para eso tengo que experimentar conmigo misma.

Últimamente tomo muchas decisiones pequeñas.

 

Son decisiones que voy tomando casi sin darme cuenta. Vivo pensando que son equivocadas al mismo tiempo que sé que tanto tanto no me puedo estar equivocando.

Están siendo meses un poco extraños, no voy a engañar(n)os.

 

Así que como cierre a esta carta, sólo dos cosas más, que en realidad tenía que haber contado antes…

  • 1.- Bienvenido a mi web nueva, perfectamente funcional, con un diseño que me encanta, fácil de navegar y con unas fotos chulísimas hechas en mi sitio favorito del mundo. Si os queréis vivir en esas fotos, os entiendo.

  • 2.- Mi grinch interior está gritando mientras pienso en escribir esto, pero la Navidad nos acecha. Y siempre nos pilla el toro. Yo no quiero decir nada, pero si quieres algo personalizado, corre.

Y un último apunte final, así a lo loco.

Tomar decisiones a veces implica planificar. ¿Sabes cuando haces un plan realista y las cosas tienen que pasar de una forma concreta y a un ritmo concreto y lo cumples a rajatabla (o incluso un poco más) y te agobias porque las cosas van muy muy lentas y quieres ir más deprisa? Pues eso me pasa ahora mismo. Y no tiene mucho sentido, pero lo estoy contando mucho, a mucha gente. Primero para recordármelo a mí y luego por si alguien necesita oirlo para sí mismo. Así que, ya sabes: Ceñirte a tu plan también es una decisión. Una de las buenas.

 

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