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Nunca se vuelve del todo

Si me conoces sabrás (y si estás en ello, te lo cuento) que gestiono bastante mis estados de ánimo y mantras vitales con letras de canciones. Es algo que no busco, sólo pasa. Me levanto una mañana y una frase de una canción resuena más que otra. Se repite, como un mantra. Porque define justo ese estado de ánimo en ese momento exacto.

Casi siempre son canciones que escucho mucho, pero no siempre: justo antes de irme hablaba de “Paraísos perdidos” de Iván Ferreiro y cómo me estaba acompañando a revisitar monstruos del pasado. Antes de eso, también comenté que soy mujer orquesta y en mi cabeza sólo sonaba la canción de Bert.

Y esto es sólo desde que escribo estas cartas, pero ni es nuevo ni me pilla de sorpresa

Porque pasó cuando estaba entrando en un modo burn-out terrible en el trabajo y no era consciente y en mi cabeza sólo sonaba Onda Vaga. ¿Soy oyente habitual de Onda Vaga? No. De hecho, he tenido que buscar en google como se llama el grupo. Y sí, la búsqueda ha sido “a veces tengo ganas de mandarlo todo a la mierda + canción”. Porque mis caminos músico-mentales no los entiendo ni yo.

Pero también pasó cuando estaba más perdida que un pulpo en un garaje haciendo el Proyecto Fin de Carrera y los días buenos eran días de Mr. Brightside y los malos me hundía en el barro a ritmo de Youth.

Y ahora mismo mi banda sonora interna está exactamente igual que yo: aterrizando.

Hace unas semanas que volví de viaje. De “el viaje”. Y desde entonces no dejo de pensar en “Mismo sitio, distinto lugar” de Vetusta Morla. Me está costando volver,encontrarme y seguir como si nada hubiera pasado después del viaje.

Siento que han cambiado muchísimas cosas, que he hecho infinitas cosas. Pero no he contado nada. Porque no he asimilado nada.

He tomado decisiones extrañísimas para la Irene de febrero, pero vitales para la de mayo-junio. Hablar, decir, hacer y desahacer. A ritmo de tristeliz.

Y ni siquiera me ha dado tiempo a analizarlo

Empecé esta carta con la idea de contar lo muchísimo que me ha vuelto a impresionar África. Lo increíble que fue estar en medio del bosque a 7m de Macumba, un espalda plateada jefe de un grupo de 10 individuos. O la llorera que me dió cuando el hijo de Macumba, de un mes, me miró directamente a los ojos. Hace más de un mes, pero no soy capaz de asimilarlo. Pero han pasado tantas cosas desde la vuelta, que parece que fue hace años.
África

Me está costando volver también a escribir estas cartas, porque no se si estaré de nuevo a la altura

Así que no hay mejor remedio para esto que darle al botón de enviar, contarte que sigo aquí, preparando muchas cosas. Pero para no ser una “se vienen cositas” de esas que te dicen que están preparando cosas pero no te cuentan nada, creo que debería contarte que puede que hayas visto dos dos camisas loquísimas en prime time en la tele. Las abanderadas de la colección “Clásicos básicos”. En la próxima carta, que espero no tardar tanto en mandarte, te cuento más… pero si te pica un poquito el gusanillo de la curiosidad, lo he contado un poco aquí y aquí.

Nos leemos pronto. Gracias por seguir al otro lado.

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